Robert J. McDonald, economista graduado en Cambridge y doctor por ESAN, cuenta con más de 30 años de experiencia ejecutiva y de asesoría en minería, energía e infraestructura, con amplia trayectoria en el Perú. Actualmente es Gerente de Desarrollo de Negocios en Fortescue y ha ocupado cargos directivos en asociaciones industriales y empresas privadas.
Durante su presentación, Robert McDonald resalta la frase “Perú es un país minero” con una reflexión de los más de 3,000 años de historia minera, el nacimiento de la metalurgia del cobre en Los Andes, una de las tradiciones mineras más antiguas del mundo. Suma historia, tradición, cultura, experiencia y sobre todo un gran potencial minero por explorar.
Concordando con el lema del World Mining Congress “Minería para el futuro: Confianza, transformación y tecnología” que posiciona al cobre como mineral estratégico en el mundo, McDonald resalta que Perú sigue siendo uno de los principales productores de cobre del mundo, se halla entre los tres principales productores y uno de los países con mayores reservas de cobre, lo que constituye una “oportunidad histórica” para países mineros ricos en cobre como Perú.
El cambio hacia un futuro con bajas emisiones de carbono y cambios tecnológicos generará oportunidades para los países en desarrollo y las economías emergentes con potencial en cobre como Perú, quienes a su vez compiten con otros países mineros como Chile, Argentina, Congo, Guinea; por tanto, para beneficiarse del aumento de la demanda de minerales especialmente en cobre, los países en desarrollo y las economías emergentes deben adoptar prácticas mineras competitivas, estos países necesitarán buena gobernanza, conocimientos, capacidad y estrategia para hacerlo.
Con esta visión, Robert McDonald durante su presentación “Un modelo integrado para la competitividad minera (clúster minero)” resalta como caso de estudio las posibilidades de aplicación en el Norte de Perú, en donde los actores del sector público y privado (Stakeholders) deberán trabajar juntos (Gobierno, Inversionistas, Academia + Investigación, Empresas de tecnología limpia, Mineros, Consumidores, Comunidades locales), para implementar los clústeres mineros de desarrollo para contribuir al futuro con un desarrollo sostenible, teniendo al cobre como uno de los principales motores del desarrollo territorial.
En este escenario se resalta las posibilidades del Clúster Minero del Norte (Normin), la lógica de los multiplicadores de escala y producción, integración regional logísticamente con proyectos mineros de clase mundial en Cajamarca, Lambayeque y Piura (Michiquillay, La Granja, Cañariaco, El Galeno y Río Blanco, etc.), macrorregión que representa cerca del 40% del total de la cartera de proyectos de inversión minera en el Perú. Las posibilidades de dicho clúster pueden darse en varias dimensiones:
Multiplicador logístico: La enorme escala física de la minería a cielo abierto de cobre impulsa una inversión en infraestructura regional sin precedentes en comparación con la minería subterránea.
Conectividad pública: Transforma el corredor de exportación norte en una carretera de doble uso, convirtiendo la mina de un enclave aislado en un motor de integración agrícola.
Coinversión en agua: Se integra con Olmos y Tinajones para asegurar el suministro minero y, al mismo tiempo, expandir las tierras agrícolas, resolviendo directamente los conflictos sociales relacionados con el agua.
Infraestructura energética y generación de energía renovable: Valida las líneas críticas de alta tensión mediante la demanda agregada, llevando electrificación de nivel estatal a zonas rurales aisladas. También presenta una nueva demanda significativa para promover la construcción de centrales hidroeléctricas e hidroeléctricas e híbridas (solares y eólicas).
Mirando este gran reto y oportunidad para el Perú en particular, McDonald reflexiona sobre los riesgos y amenazas que existen para promover las inversiones mineras, sobre todo en aquellos que se hallan en etapa de exploración, dada la complejidad de la “permisología” y requerimientos sociales pensado más en una etapa de explotación que una de exploración, donde esta última, la exploración, al contrario se deben dar todas las facilidades de estudios e investigación, que se hacen justamente para estudiar y verificar si existe o no recurso minero; por ello se debe alentar, destrabar y dar confianza a la inversión.
McDonald reflexiona en la necesidad de clarificar el espíritu de la exploración; es mucho antes del “punto cero” de lo que significa un proyecto minero; la exploración es una apuesta, de alto riesgo y “tiro de suerte” en cuanto al éxito, los geólogos saben que de cada 400 taladros exploratorios realizados uno puede dar en el depósito mineralizado, y en muchos casos se abandonan el área por no encontrar mineral económico; por tanto debemos ser realistas, hay que bajar las expectativas, y enfrentando esta realidad, hay que comunicar transparentemente y en consensos temprano para las partes (comunidad, gobierno, exploradores), simplificando los procedimientos y alentando las exploraciones.
En este contexto, como parte central de su presentación, se acuña en Lima el mensaje “From Social License to Operate (SLO) to Social License for Accelerated Exploration (SLAE)”, es decir, McDonald sugiere una innovación “Desde la Licencia Social para Operar a la Licencia Social para la Exploración Acelerada”, analizando sus marcadas diferencias y características en el tiempo, entre ellos:
La Licencia Social para Operar (SLO, por sus siglas en inglés) se considera y se percibe como dependiente de las operaciones, las cuales aún están a muchos años de distancia. Esta desalineación es comparable a la de los ingresos del "Canon Minero", que los habitantes locales solo perciben, aunque indirectamente, cuando la operación es rentable.
Reduce los riesgos en el camino y los plazos hacia la operación: Mucho antes de las operaciones, las corporaciones generalmente deben revisar los avances de exploración realizados por las empresas junior. Los siguientes esfuerzos de exploración pueden tardar años después de que se apruebe la Licencia Social para Operar, mientras que, entretanto, estos esfuerzos se ven supeditados a las actividades sociales.
Los costos para las corporaciones son enormes, no solo en términos de costo de oportunidad, sino también en costos fijos.
Alinea los intereses de los habitantes locales, el sector privado y el público: Establecer un mecanismo de consenso que alinee el acceso temprano al sitio para la prospección y perforación con consensos tempranos e inmediatos para los habitantes locales (y probablemente noticias positivas que las autoridades apreciarían) parecería una propuesta adecuada para todos.
Permite un acuerdo consensuado con visión de futuro para acelerar la exploración: invertir un porcentaje acordado de los gastos reales de prospección y perforación en proyectos sociales eliminaría el debate sobre "cuánto y cuándo" de las "inversiones sociales".